Hablar de aborto a la luz del día, 28/09/2010

Comunicado de prensa
En Costa Rica, las mujeres están abortando de manera clandestina, recurriendo a profesionales de la salud en el sistema privado y viviendo la experiencia en una profunda soledad. Así se desprende de una investigación costarricense  presentada en el marco del 28 de setiembre, día por la despenalización del aborto en América Latina y el Caribe.

Desde 1928 el Código Penal costarricense contempla la figura del aborto no punible, que se practica cuando está en peligro la vida o la salud de la mujer. Cualquier otra circunstancia implica penas que van de 3 a 10 años cárcel.  Pero a pesar de la penalización y de la condena moral,  datos del 2008 estiman en 27 mil los abortos inducidos que se realizan cada año en el país (“Estimación del Aborto inducido en Costa Rica, Asociación Demográfica  Costarricense 2007”).

¿Pero quiénes son estas mujeres? ¿En qué circunstancias toman esta decisión? ¿Qué camino recorren para procurarse el aborto? Estas y otras preguntas motivaron la investigación “Al amparo de la noche: la ruta crítica de las mujeres que se realizan abortos clandestinos en Costa Rica”  desarrollada entre 2009 y 2010 por la organización feminista costarricense Colectiva por el Derecho a Decidir.

La ruta crítica
De acuerdo con Adriana Maroto, psicóloga e investigadora, uno de los principales retos fue el dar con los casos a estudiar “Utilizando la técnica de la bola de nieve fuimos ubicando mujeres que habían vivido esta situación, vale señalar que quienes accedieron a las entrevistas (12 casos) responden a un perfil socio demográfico similar: pertenecen  a una clase media, con estudios universitarios, con edades entre los  18 y 25 al momento del aborto y con recursos emocionales que les permiten hablar del tema, por supuesto previo compromiso de confidencialidad”. Maroto recalcó que el hecho de que este sea el perfil de las que quisieron hablar no significa que ese sea el perfil de todas las mujeres que se practican un aborto inducido en el país.

Factores como el contar con alguna información sobre los métodos disponibles y contactos de personal médico que realiza los procedimientos hicieron que el camino seguido por estas mujeres no siguiera las tortuosas rutas que vemos en otros países. “Indudablemente existe en el país una cantidad importante de médicos y médicas que están atendiendo solicitudes de interrupción de embarazos y que con criterios diversos no reglamentados, están recetando medicamentos con efectos abortivos” señaló Maroto.

Para Margarita Salas, presidenta de la Colectiva por el Derecho a Decidir esta situación está en la base de que la incidencia de muerte por aborto inseguro en Costa Rica sea baja, pero nos enfrenta a dos hechos: el primero es que este tipo de interrupciones está disponible solo para aquellas mujeres que logran obtener un contacto y cuentan con los recursos económicos suficientes para costearlo.

Y el segundo, el que la permanencia de la penalización no está evitando la incidencia de abortos, solo está alimentando un negocio privado de magnitudes insospechadas. “Esto nos habla de la doble moral de este país, que se niega a ver una realidad, pero que por debajo genera los mecanismos para que siga operando un sistema que desprotege a las mujeres más vulnerables: las adolescentes y las pobres” indicó Salas.
Los riesgos de la clandestinidad
Si bien el aborto con medicamentos ofrece condiciones bastante seguras para la interrupción de un embarazo, las mujeres entrevistadas en la investigación señalan una serie de factores que las hacen vulnerables y las ubican en situaciones de riesgo. Según Maroto, una de las más importantes es la soledad en que se vive todo el proceso.  En algunos casos se cuenta con el apoyo de amigas o de la pareja, pero no se establecen las redes de apoyo necesarias si sucede una emergencia o se produzce un abuso por parte de la persona proveedora, ni se cuenta con el soporte emocional que ayude a manejar la angustia que la situación de clandestinidad genera.

De igual manera, en la mayoría de los casos la información recibida es arbitraria e inexacta exponiendo a las mujeres a complicaciones de salud que serían prevenibles. “No encontramos dos casos en que la mujer haya recibido las mismas instrucciones, aún y cuando todas han provenido de profesionales de la salud, a eso se suma un trato frío y distante que solo aumenta la incertidumbre.  Las mujeres tienen un temor muy fuerte a que las cosas salgan mal, a morirse, a ser descubiertas”, agregó.

Un detalle que llamó la atención fue el hecho de que las mujeres entrevistadas hayan decidido realizarse el aborto en las horas de la noche. “Es como si la oscuridad, el silencio y el cobijo de la noche brindara algún tipo de amparo para una práctica que se sabe clandestina, que debe ser ocultada de las miradas censuradoras de los demás, pero cuya urgencia es tan fuerte que logra que las mujeres desafíen la condena penal y moral” señala Maroto.

El libro estará disponible a partir del mes de octubre en algunas librerías capitalinas y podrá descargarse del sitio web www.colectiva-cr.com. También puede solicitarse escribiendo a  colectiva@colectiva-cr.com.  Más información al teléfono 22538240.